jueves, octubre 19, 2017

Poema político

La Chica de la Curva ha salido de su curva.
Ha trasladado su “sede social” a Cataluña.

Al contrario que el resto de empresas españolas,
a ella se la trae al pairo el “ya no mola”.

Aterrorizará L´Estartit, Roses, Cadaqués,
nunca más Fuengirola, Peñíscola o San Andrés.

Surgirá de entre las sombras
cuando menos te lo esperas
en las noches donde Poe y Lovecraft
nunca amanezcan
pues sin patria ni banderas,
asusta mejor, se emociona.
Leerá, en aquellas noches de insomnio y duermevela,
a Pappaseit, Ausìas March o al gran Brossa
no a Garcilaso, Quevedo o al que habló de la rosa.

Chica de la Curva, ¡deja a la vieja España con sus trampas y sus fachas,
que ya tiene bastante con el miedo
que recrean sus políticos, sus tiranos y sus sátrapas!

Ella llega más fresca, más linda, más lozana
a las autopistas de peaje catalanas
como si no hubiera jetas en las masías más lejanas.

viernes, octubre 13, 2017

Secta

El miedo a la secta ha hecho que los poetas nunca se hayan visto como miembros de una secta. Existe un secretismo absoluto, una ocultación tácita, un silencio máximo.
Son una secta, digámoslo aquí, por lo bajo, muy bajo, demasiado bajo.
Digámoslo en modo "a tierra", "enterrador".
Digámoslo aquí. No lo repitamos.
Calla esa boca, apaga tu escritura, basta ya, es suficiente así, ese silencio de secta...

miércoles, octubre 11, 2017

Plato de lentejas

¿Cuántas lentejas te comiste?
Un bonito plato verde de tristeza.

COITO

Subsane la situación.
Susana debajo.

martes, octubre 10, 2017

Nicanor Parra

La poesía no puede ser otra cosa / que la mala conciencia de la época.

(Del libro: Nicanor Parra, Páginas en blanco. Universidad de Salamanca ediciones. 2001. Selección y edición a cargo de Niall Binns, e introducción de M.ª Ángeles Pérez López. X Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana).

martes, octubre 03, 2017

Diario de un puto parado

El aula se encontraba al final del pasillo. Mucha gente aguardando su turno ante las salas en donde se encuentran los funcionarios o personal contratado. Cristales translúcidos, con franjas de color para evitar saber lo que ocurre dentro.
Ha iniciado su soliloquio explicando cómo se maneja una herramienta de internet para conseguir un certificado electrónico en las búsquedas de trabajo y continua hablando de que él manejaba la red de redes antes de que llegara a España, recitando los buscadores que ya existían "pero americanos, ¿eh?, porque aquí en España no existía aún internet... y en dólares, claro, las cantidades en dólares".
Continuó su perorata con el trabajo que desempeñaba en televisión cobrando a los que debían pasta al ente, para terminar con lo cualificado en nada que estaba, y vacilando de lo mucho que llegó a conocer internet cuando apareció. Sin duda, una charla exasperante entre toda aquella gente que queríamos irnos ya. La tutora de empleo (no sé cómo se denominan laboralmente a estas personas) le ha preguntado por su nombre pero me imagino que estaba el último de la lista, es lo que tiene comenzar por orden alfabético. Todos en el mismo barco...
Todos en el barco que se va hundiendo, que va transformándose en algo vivo. Un barco que a medida que se va escorando varía en forma, en tamaño, como si cada uno de los marineros se hubiera metido para el cuerpo un ácido lisérgico y en su muerte contemplase un chisporroteo de formas nuevas, de objetos y seres recién aparecidos. Pensaban que contaban con ellos pero nadie sabía quién manejaba el barco en realidad. De hecho, algunos llegaron a dudar de que estuvieran realmente en un barco a pesar de que parecía evidente que así era... los ruidos, la disposición de los motores, las paredes, los pasillos, los camarotes... pero nadie conocía qué más, "qué más", se dijeron unos a otros intentando conocer el lugar en el que se encontraban a medida de que cualquiera de ellos desarrollaba su relato. Un barco que se hunde y nadie sabe de los que estamos allí salir de él.
Ha vuelto a subir el paro otra vez. Huelga general en Cataluña por la independencia. Aprovechar un suceso tangencial para que se desborde la convivencia.

miércoles, septiembre 27, 2017

27 de septiembre (2 microrrelatos por el precio de 1)

Una vez abierta la parte superior del wáter, una vez separada la tapa superior, una vez que se ha depositado ésta sobre el bidé, se comprueba que la parte inferior, una vez que se ha dado la vuelta, una vez que ha pasado el tiempo, toma la apariencia del corcho, parece un trozo de corcho por el tiempo. Dan ganas de rascarlo, de tocarlo, comprobar que no es corcho sino porcelana, un gran trozo de porcelana que se ha convertido en corcho y que ahora tiras al suelo, lo conviertes en bolitas, lo dejas todo perdido con ese juego absurdo.


Las mañanas se hicieron sangrantes. El horror campaba a sus anchas. 1980 comenzó a aparecer en el horizonte, el tiempo volvió sobre sí, se produjo el salto, hubo un error en el proceso Gran-Cósmico. Los habitantes no supieron huir porque no existía el concepto de huida sino el de absoluta confusión. ¿De entre las peores distopías? Una continua y exacta vuelta a los años 80, exclusivamente matérica una vez llegado el año 2018, 1 de enero. Nadie podía alegrarse, ni siquiera los que se consideraban los más nostálgicos, estos, confundidos, preferían pasar desapercibidos una vez que pasaban los días y comprendían. Se aburrieron mortalmente de ello porque las cositas modernas también les resultaban necesarias.

martes, septiembre 26, 2017

La rana, el caracol

Cantaba la rana,
respondía el caracol:
qué dice quién,
cómo... quién, ¿yo?
-¿Quieres una bandera?
-¿Para que cuelgue como una sábana
que de cosquillas se llene
y de sol?
-No, para decir
de aquí vengo
y allí marcharé,
para que me diga quién soy.
-Pues no hay bandera,
ni trapo, ni sábana, ni sol.
Así no. Así no.
¿Por qué, amiga rana,
amigo caracol?
-Pues porque no. Pues
al caracol, el rock'n'roll,
y a la rana
la buena lana
de un buen poema
escrito sin banderas, ni milicias, ni órdenes
ni masas.
¡Que ya son rana, que ya son caracol!

miércoles, septiembre 20, 2017

Notas

[El Retiro]

Salgo a la calle. Me cruzo con gente. Mucha gente. Una mujer intenta innovar, que se fijen en ella los "cazadores de tendencias". A su cintura queda anudada una gabardina clásica de color marrón [no sé qué hago en este automóvil, no lo sé. Conduzco, sin saber conducir, y voy chocando contra el quitamiedos en uno de los múltiples pasos elevados que existen en la autopista urbana. Tengo terror a que me descubran los polis. El coche se está destrozando contra el quitamiedos. Una y otra vez lo estampo contra él. Adelanto unos metros... como si estuviera conduciendo un auto de choque... otra vez... ¡slam!] y me dirige una mirada, me observa y y decido evitarla. Ella camina por su carril, yo por el mío. Surgen los corredores que de buena mañana. Esta vez se han transformado en anuncios móviles de un conocido banco y giran por el gran paseo en un azul cada vez más pesado y doliente. Multitud de marquesinas azules, móviles que giran al llegar a otro módulo, a otra gran intersección de la ciudad. Una y otra vez parecen repetir el mismo trayecto. Rostros de condenados en el quién sabe qué orden, qué nivel anillar de la Divina Comedia. "¡Caminando... te has abandonado!", grita la estentórea megafonía a los azules portátiles, móviles humanos... "No se detengan, aún quedan más vueltas a los más perezosos...". Castigo patrocinado por un conocido banco de un conocido país en un conocido mundo con su desconocida literatura que siempre nos interpela: "¿Pero qué estáis haciendo para que todo vaya tan irremediablemente mal?".
Un policía jubilado en bicicleta pasa junto a mí y junto a los setos, mirando a uno y otro lado, buscando con afán el crimen. Sólo están los gorriones acostumbrados, el ir y venir de las sombras de los hojas, multitud de hojas caídas que con las primeras lluvias del otoño quedarán empastadas en la tierra. Ahora comienza el trompeta rompiendo el original silencio (apenas se oía el fragor de los automóviles porque se había cortado el tráfico en domingo y ¡mira tú por dónde aparece el sonido que lo devasta todo!).
La gente empieza ya a abrigarse. Ha comenzado el nuevo año agroecológico, según dicen.


[A.]

Había tres. Sí, había tres. Uno: el chico con rasta hasta la cintura. Hoscas. El que tomó la caja de cartón con un plástico en el lateral a modo de ventana. Sí. Dos: La chica del pelo rapado, los lóbulos frontales, y de aspecto casi, muy parecido al chico. De su sencillo cinto a la cintura colgaba la cuerda con la que sostenía a su perra, negra, bruna, ladridona a otros perros, protectora de sus chicos. ¿Y el tercero?. Tres: la chica de la camiseta morada, de lycra, ajustada, con el pelo negro que caía en cascada sobre los hombros desnudos. Sí, eran tres. Los tres iban hablando de un proyecto en común, de una muchacha y un proyecto en común. Buscándose la vida, la vida sobre los adoquines, sobre los adoquines de las aceras urbanas.
[Pero detrás de ti, alguien hablaba de que Lluis Llach había atesorado 17 millones de euros, y los que había en la mesa, lejos de creérselo y por defenderlo, dentro de su "clase obrera", lo atribuían a una herencia anterior, lo que, en esencia, me parece lamentable, lo he dicho].


[P.]

Era un bar. Un bar. Un bar enorme. Un bar en el que todos cabían. Un bar muy cercano a la isla de
SãoVicente di Longe, en mitad del Atlántico. Un bar en el que, al salir de él podías, si lo deseabas, contemplar una pieza del Atlántico, frío, bravo, sin concesiones, abrupto, rocoso... Todo el mundo parecía acabar allí sin haber empezado desde hace mucho tiempo, desde el principio, o no. Un bar, cuando el sigiloso fulgor, el resplandor unívoco de la tarde destellaba, y que se convertía en un dibujo ácido y dulce, donde nadie rebuscaba en ritmos bravos ni en sigilosos ruidos... le falta una vocal a esa nube... ¿estoy llegando al vislumbre, a la revelación interior donde todo parecía tan claro, tan soñolientamente diáfano [Música de Rachid Taha y Cèsaria Evora] donde los poetas llegaban a la conclusión tan contundente, tan indescifrable y necesaria de "Volveré a escribir poemas de amor"? Un lugar donde era tan preciso, tan ejecutado, que no digamos, callemos, extremos de silencio, una vez más.
Pero volver a escribir poemas de amor entraña muchas cosas, por ejemplo, escribir poemas de desamor que es, por supuesto y todos los sabemos, desde donde tú partes...


[T...]

Escapar Uno. 
Llámalo así (...). El Escape como un acto generatriz inexplicable de tu vida, e incomprensible. Como si te hubieras dado cuenta de que estuviera uniformado a tu alrededor, es decir, aportar una palabra real a los demás, también por su verdad vital. Por una verdad vital que trasciende porque escapar para ¿llegar a algún sitio? Evidentemente sí, o no. Es como el acto de desaparecer, ¿desaparecer para aparecer en algún sitio? No. Simplemente se puede contemplar el reto de escapar o de desaparecer como algo en sí del ser humano, un proyeto vital necesario o ¿pero como premisa? ¿Premisa? ¿qué cojones crees que hago escribiendo esto después de 46 años aquí? 
Escapar. Después de un vasto análisis. Evidentemente no el único, pero sí suficiente.





sábado, septiembre 02, 2017

En la noche, una mujer

Ocurrió hace ya muchos años. Ella estaba sentada en una mesa contigua a la nuestra junto a otras personas. Había un barullo tremendo, como siempre, y a veces, cuando la cosa se ponía jodidamente ruidosa, teníamos que acercarnos para escucharnos. Cabeza junto a cabeza.
Aquella noche, la gente iba de un lado hacia otro y parecía no parar nunca, surgía de cualquier recoveco de aquel lugar oscuro casi escheriano y se ponía a caminar arriba y abajo, o eso parecía.
Era un puto manicomio, y allí es donde siempre nos encerrábamos cuando llegaba el viernes por la noche a beber y a fumar porros hasta que se nos acababan los cigarrillos, el costo y la pasta.
Decidimos hacia ya tiempo hablar a nuestra manera y por culpa de ese mismo caos: casi a gritos. Y eso a pesar de que éramos los más silenciosos de toda aquella panda de trastornados.
Una mirada, una mirada hizo que mi desinhibición producida por las cervezas la saludara con una sonrisa y con la mano alzada, un saludo regio, un poco bobo. Sí, así es, fueron las cervezas quienes saludaron a aquella muchacha que nos miraba creo que curiosa desde la mesa contigua en lo que considerábamos nuestro refugio, nuestro garito. No yo, yo no la saludé, fueron las cervezas, las ganas. El barullo hizo el resto. Y los porros. Ella miró lo que hacíamos. Le extendimos un papel. Captó nuestra atención. Era una mujer singular, especial, pero no la recuerdo, no la recordaré jamás. Fue ya hace tanto tiempo. Pero recuerdo su energía. ¿No es suficiente así? Tal vez me engañe. Sólo recuerdo eso. No recuerdo nada más. Creo que eso es todo.
Su pelo negro, azabache. Su gesto también borracho como el nuestro, construía una perfecta comunión. La seguíamos. Queríamos que estuviera con nosotros. Vio que escribíamos, que escribíamos palabras a cada cual más garabato, estrellados siempre contra el nicho blanco del papel... y fue entonces cuando se dirigió a nosotros. Tomó el bolígrafo y con toda la furia del mundo, con toda la furia desatada, con todos los putos caballos galopando en sus ojos, comenzó un ir y venir, un ir y venir de la punta de aquel bolígrafo haciendo vueltas y revueltas... Yo la miraba fijamente. Estaba junto a mí. Brillaba. Sentí que lo hacía con toda la fuerza del mundo, con toda la rabia del mundo, con todo el asco del mundo y con toda la belleza del mundo. No se equivocaba en absoluto. Nos quedamos callados. Nadie dijo nada. Sólo mirábamos como escribía una y otra vez sus vueltas y revueltas con el cuchillo hasta que dejó de hacerlo. Cayó el bolígrafo sobre la mesa de mármol. Nosotros la mirábamos. Dijo unas palabras que no alcanzamos a comprender y se volvió. Nos dejó allí, terriblemente solos. Ella se volvió. Nosotros solos otra vez. Esa noche.

El insecto

Me fumo los insectos de esta noche.
Lío el cigarro
mientras el insomnio nictálope
rebulle como patitas nerviosas,
sus élitros.
Sus antenas se debaten en la pega,
y el ocelo-celda
me encierra
en universos paralelos
pero sucumben al fuego de la brasa.

Otro día más, y otro.
Un corazón-insecto está en crisálida.
No despertéis su sueño
por miedo a que ignore su destino.

martes, agosto 29, 2017

DdA-XIII

Chico Pesadilla ha entrado en el bar.
-"¡Basta ya..., Chico Pesadilla!" -dice uno.

Dos hermanos. Uno de ellos se adelanta y se queda mirando fijamente al camarero que va de un lado al otro de la barra, sirviendo a los clientes, colocando las bandejas de lo que luego serán raciones en los expositores. El camarero mira al hermano y éste le pregunta algo. El hermano balbucea su pregunta, mientras que un hombre, su hermano, le pasa un brazo tranquilo sobre la espalda y le sienta a una mesa. Le ofrece una copa de vino tinto que bebe hasta dejarla mediada. Se la deja en la barra. Se la vuelve a pasar. Esta vez él se la bebe completamente. Sigue mirando la TV. Con los ojos vacíos. Sin un solo gesto en el rostro. Exactamente sentado en la misma posición. ¿Dónde se encontrará su cabeza?

Comienza a llover con más fuerza y me calo bien. Bien. Bien. Buscando un lugar. Calles paralelas, transversales, equidistantes... Ahora sobre mí, el puente de todos los puentes de todas las ciudades del mundo. El sonido de los neumáticos y sobre ellos el cielo recientemente abierto tras la lluvia. Alguno de los pilares de este puente han sido decorados con fichas de dominó.

-"¡Chico Pesadilla...!" -grita uno, fuera, en la calle.
-"Vale ya, hombre!" -responde el Chico Pesadilla, y sigue mirando su cerveza, y a un lado y al otro de la barra del bar.

lunes, agosto 28, 2017

DdA-XII (Burgos)

En domingo se dice más la expresión "Me cagüen Dios" que en el resto de la semana.

domingo, agosto 27, 2017

DdA-XI (Burgos)

La ciudad de las 100.000 luciérnagas no extinguidas. Tu cuerpo arrojado in the middle of the road con la línea continua partiéndote el corazón en dos. Al fondo se ven unas pequeñas luces en la frondosa espesura de un breve bosque. La perspectiva es aquí salvaxe. A mi derecha, un pueblo iluminado con delicados capuchones de luz ambarina, y un poquito más hacia adelante, línea perfecta, un ejército de luces desfila por la colina. Nadie sabe de dónde vienen ni adónde van. Les puedo asegurar que es un ejército de luz en línea.

jueves, agosto 24, 2017

DdA-X Hombre insolado

El hombre insolado
pide la cerveza más alta que tengan.

El tabernero lleva publicidad de su propia barriga
ignorándola y asegurándose
de que ahí es símbolo.

Viejos y pequeños
se alzan sobre la grupa
de sus bicicletas
y se vehiculan de vuelta al trabajo
o a casa.

Antes, un hombre delgadito,
con gafas pequeñas
minúsculas
me repite al hombro:
"Ahí he estado yo... Ahí he estado yo".
(Mira fijamente en la pantalla
el telediario de las 3).
Enormes judías de La Granja y perolos,
("alubias, alubias" -dicen los parroquianos),
pimentón rojo
y cazos que vierten
de uno a otro recipiente.
En comunión.
"Ahí he estado yo... Ahí he estado yo" -vuelve a repetirme al oído el alfiler.
A punto está el insolado
de contestar a su rezo,
a masticar sus propias palabras
aunque no se haya sentido
debidamente interpelado.

La muchacha grácil y liviana
estudia la carta de tapeo.
Bonita con sus lejanos 40 ya cumplidos.

(Era demasiado el sol para tan poco místico de camino
y volvió por otro lado).

Las palomas hacen confetti
con sus vastos gorjeos.

(Compramos por encargo).

Se evacua el sol, justo la sombra.
Los días se escapan por esta luz, esta piel
de nuevo y el tiempo
como siempre se muestra convención.
No hay un día escrupulosamente nuevo, por tanto.

miércoles, agosto 23, 2017

DdA-IX

Tendría que ponerme a contar la abismal distancia que se me suele abrir entre el deseo y el acto
Alejandra Pizarnik, Nueva Correspondencia (1955-1972).  Ed. Lumen

DdA-VIII El sombrero

Es necesario un sombrero para abordar el viaje.
Un sombrero de paja a ser posible, o hecho con elementos naturales.
Luego un cayado, un bastón que llegue a la altura del esternón y cubierto con una gasa de colores vistosos. Un pantalón, o mejor una bermuda que oculte las rodillas y con estampado de flores blancas sobre fondo azul.
Volveremos al sombrero si es necesario, pero aún no nos hemos decidido a entrar en el albergue porque sus puertas (arco renacentista, madera noble, escudo flor de lis y castillo) aún no se han abierto. De hecho llevamos una hora aquí y no hemos conseguido traspasar el umbral.
Los peregrinos llegan con cuentagotas, suficientes como para que el final horaden nuestro bello y siempre ágil, despreocupado sombrero.

jueves, agosto 17, 2017

DdA-VII


El otro día un amigo me pidió que le recomendase una película, y no caí en la cuenta de que esta le hubiera podido dejar suficientemente intrigado, suspendido, cariacontecido y sorprendido.
Recomendaré esta película: Yo.
Una película sobre la alienación laboral y de identidad.
Brendemülh está muy grande. Una película lo suficientemente sórdida como para hacer reflexionar a cualquiera. Una película que creo que ha pasado desapercibida.
Según otros, neogótica.
(Otra película que me impactó fue Las horas del día, protagonizada por este mismo actor y dirigida por Jaime Rosales. El giro absolutamente espectacular de la historia deja sin respiración a quien la ve.)

Tengo que actualizar el currículo.

jueves, agosto 10, 2017

DdA-VI

Aquella noche, mientras fumábamos a la puerta de aquel bar, les expliqué que a lo largo de mi vida, sí, estoy seguro de ello, que lo que mejor se me daba y que lo que había practicado siempre, con mejor o peor fortuna, era escapar. "Lo que mejor se me da es escapar", les dije, y empecé a contarles cómo fue la primera vez. Era un niño, apenas tenía seis años, si mal no recuerdo.
Uno por uno fueron entrando en el bar. Uno por uno fueron apagaban sus cigarrillos y regresaban al bar.
Me quedé solo, al final, fuera, sonriendo.

DdA-V

Mi madre me dice que cuándo voy a dejar de llevar esas camisetas de publicidad.
Sonrío y le contesto que esta podría ser la única que tiene cierta publicidad porque es de una tienda deportiva, pero no más que esta.
Me contesta que "y esa que llevas de un tal Couso". Le explico la historia de Jose Couso, un cámara de TV, de cómo le mataron en Bagdag.
No me apetece seguir más. Es igual.

sábado, julio 29, 2017

DdAIV

Todas las afirmaciones sobre el arte me dan asco.

[Añadido hoy: Ésta, sin duda alguna, es una afirmación más.]

martes, julio 25, 2017

DdA-III

Esta mañana me han sorprendido tres noticias: la primera, el cierre de un homenaje a LMP en Astorga dirigido por quien fue uno de mis profesores. Dos, luego de esto me ha llamado la atención el breve, conciso resumen de la vida de Rimbaud en un periódico mexicano; y tres, se cumple medio siglo de la muerte de un poeta norteamericano,  Carl Sandburg (Illinois, 6 de enero de 1878 - Flat Rock, 22 de julio de 1967), del que se dice, en la nota de prensa del periódico mexicano que conmemora este aniversario: "El poeta de las praderas, como era conocido, pasó los últimos años de su vida recluido en su finca en donde le sorprendió la muerte, acompañado de su esposa y rodeado por 34 cabras, un asno y un perro." Una vida de poeta. Sin duda. Estoy leyéndolo AQUí.

Cercándome a lo que quiero vislumbrar

Mirad cómo gotea julio sin que apenas se presienta...

un continuo cristal se derrama
segundo a segundo,
la luz apenas quema
y el vacío se convierte en una extraña armonía
de instantes que fueron grabados con la paciencia
suficiente para que fueran recordados.

Mirad cómo gotea.

Uniforme y desnudo
otro mes de julio.

¿Os recuerda a algo diferente,
una brisa que os sugiere
sin interpretación ni sustancia,
libre?

Diario de Agosto

Era su dolor infancia,
se comió su propio hueso.

lunes, julio 24, 2017

Lingüística

So / sei / se/ semos / séis /sen.

Conjugación del verbo "ser" en unos años. (Véase la tilde en "séis", para diferenciarlo del cardinal "seis", pero esto pasará pronto porque se eliminarán tildes, comas, puntos y toda esa chamarilería ortotipográfica).

domingo, julio 23, 2017

Diario de Agosto

Ponerse a escribir en un bar como si eso fuera la única manera de sobrevivir

martes, julio 18, 2017

"Y"

-Bueno, ¿y?
-Y, ¡o Nada!

Quién se divierte.
El muñeco con un anillo de opalina en el dedo.
La mujer de puntillas y un beso rojo en mitad del Metro,
carmín de hojarasca.
Pasillo interventricular, un corazón atosigado
por el calor. Arritmia, feldespato y mica.
La impropiedad de la naturaleza.
Rimbombante, en Nantes y después, rimbombante.
Cuchillos de velcro para heridas restañadas.
Dejad avanzar, esa izquierda secuaz se moviliza,
y acaba en el viejo pantano:
cieno y alimañas.
Un poema sobre la muerte surge en un libro de segunda mano
de bruces en un tanatorio y nos arropa,
inconsolables, la magia que arrecia como el
calor ahí fuera.
El chico manda. Parece demasiado, pero reina.
Su gorra y sus tatuajes
tienen la televisión a raya.
Mejor la radio
que no es tan invasiva que lo fue, sí lo fue,
mejor que el móvil, que lo fue, sí lo fue,
mejor que el smartphone que lo es, sí lo es.
Y el poeta-harto ya escribe al fondo
parapetado tras el expositor de tortillas
un poema fijando su mirada
y su cabeza sin futuro
-nunca lo ha necesitado-
en el banco que es un intercambio de cromos
de personas de verdad,
y no esa aburrida sucesión de jugadores 1982: la madre septuagenaria
atrapa unas hierbas
mientras su hija de cola de caballo
la precede en sus movimientos.
Final de película. Actrices principales: ella y Madre.
Actores secundarios: un señor, el carro de la compra,
un árbol de fondo, el banco y
luz exacta a la de 16 de agosto de 1721,

Todo es una película muda desde aquí.
Todo es una película muda desde aquí.
El poema sonoro para esta necesitud
aún no se ha inventado.

lunes, julio 17, 2017

Nada que ver

Me encuentro con una mujer ante uno de los puentes más emblemáticos y antiguos de esta ciudad.
Ella me cuenta que le encanta pasear a estas horas y por este lugar durante el verano pues se siente como si estuviera reviviendo Noches Blancas de Dostoievski, "¿Porque tú la conoces..., la conoces, verdad?". Me pregunta varias veces sin dejarme un instante para que le conteste. "A mí también me gusta, sí, la película y el libro. Una de mis novelas preferidas" -consigo articular finalmente.
"Venía de casa de un amigo", le digo al intentar introducir otra situación pero ella ya no me escucha. Ella pierde su mirada en aquel puente barroco por el que a estas horas apenas pasa gente. Habla de la novela sin hablar de ella, en un diálogo evanescente, condenado desde el principio a no decir nada. Habla, pero ni siquiera ella se escucha. Es una situación realmente muy extraña.
Al fondo respira una terraza con unas cuantas personas. "¿Pero tú vives por aquí cerca, no?". Le contesto que sí, que vivo en la Glorieta de tal y le pregunto que en dónde vive ella y ella me contesta que al otro lado del puente. "Ya, pero por allí... por..., ¿en qué calle vives?". "Uhhhh, ¿para qué quieres saber en qué calle vivo yo?". Y en ese momento me la imagino en su casa. Los dos en la cama, follando. Pero no, nunca me ha gustado y me río ante su contestación. Al final no me dice cuál es su calle. Pienso en dar vueltas por su calle. Seguirla cuando sale del portal. Pero no, no es eso. No la deseo en absoluto y menos para hacerle semejante putada. En el fondo, imagino, por su contestación, por la cara que me pone, recreo en mi cabeza todo lo malo en lo que me pudiera embarcar porque ella piensa que, al decirme su calle, yo, aunque nos conocemos hace años, que soy un pervertido... La miro el escote, su perfil. Y no. Qué tontería haber contestado eso.
"Adiós", me dice con la mano. No tenemos nada que ver con Noches Blancas. En absoluto.

[Corregido, 11 agosto]

sábado, julio 01, 2017

Estornudos

Siempre que estoy haciendo algo realmente importante, estornudo.
Estornudo ante lo ineludible, lo puntual, lo que requiere exactitud, lo verdaderamente-exigente-que-no-se-puede-pasar-por-alto-¡cojones!... sí, y es más mi ridícula jeta que pongo luego al estornudo que el mismo estornudo.
Estoy cerrando un trabajo que requiere toda mi atención y estornudo; me concentro ante un problema que requiere todas y cada una de mis neuronas y estornudo. ¿Por qué? ¿por qué? me pregunto en busca de un pañuelo, de un papel klínex, de una camisa, de una sábana entera... El moco chorrea y lo he puesto todo perdido. Miles, qué digo millones de finísimas gotitas han sido expelidas hacia un viaje incontrolable hacia la infección de los semejantes. En el trabajo significa toda una orgía de consecuencias lo que puede llegar a traer un tipo infectado con esa capacidad para la pequeña explosión termonasal que se genera en un microsegundo. Y es así y no puedo hacer nada para evitarlo.
Espero que en el momento de mi último aliento me dé por estornudar y generar la energía suficiente para volver a poner en órbita de nuevo a mi exhausto corazón. O no.

Poemas de Gijón (III)

Uno

Marea tras marea
me ibas cubriendo con tus labios.
¿Qué atracción persistente?
¿Qué juego de lo eterno?
Roca mi cuerpo perdurable,
cobijada bajo la piel inocente,
hasta que sea tú
líquida de nuevo
en este juego inexplicable
de amor y tiempo.


Dos

Cómo sube la marea,
y se esconde la aislada roca
bajo la lámina marítima.
Ir y venir, sin violencia,
hasta que queda cubierta.
Un sinfín de intentos.
La persistencia insistente
de la onda.

viernes, junio 30, 2017

Poemas de Gijón (II)

Quizá no hayamos aprendido a crecer.
¿Extraviamos las topologías?
¿Qué proyecto necesario
se marcó
que no alcanzamos a vislumbrar?
¿Quién señaló el Horizonte Común?
¿Con qué objetivos?
Salir de casa ¿Entrar en otra?
Entre hogar y hogar.
Caminar. Ascender
y descender o dibujar.

jueves, junio 29, 2017

Poemas de Gijón (I)

La tornadiza rasta,
sus ojos de princesa nubia,
los labios
finos
como el perfil de un horizonte
afilado.
"¿Eres pirata?" -la inocencia de una niña le pregunta.
Surge tras las peñas
de la orilla.
Venus Pirata,
de espuma fragilísima
de cielo minero,
ceniza de perfil.
Llega hasta sus corvas
el látigo de la maroma ancla,
este corazón-barco
asediado.

domingo, junio 18, 2017

viernes, junio 16, 2017

El recreo

Los escolares arrojan el papel albal
que envuelve sus bocadillos
durante el recreo
al otro lado del muro
del patio del colegio.
Un joven profesor
les ha hablado
del futuro,
les ha dicho:
“llegaréis a daros con la cabeza en un pesebre”.

Las bolas arrugadas como lunas
permanecen en el asfalto
achicharrado
por el sol
justiciero de este junio
bajo la divertida mirada de los chicos
hasta que un automóvil
las reduce
a una finísima lámina
sin contemplaciones.

Otro final

Vertí mascarpone al smartphone
mientras el agaporni cantaba Love me tender, love me too....
La Tierra quedaba atrás arrasada
un enorme vivero circular
cruzaba el espacio interestelar
en busca de un mundo
al que condenar.
Se oía aquella canción por toda la nave
rodeada de la más impenetrable
oscuridad.
Los robots que viajaron conmigo
abrieron la puerta del dormitorio,
¿o fue en el mismo laboratorio
donde dieron muerte al último brote
vivo de la humanidad?
El planeta azul con su personal
atmósfera,
me aseguraba que todo fue un sueño.
Un sueño nada más
si encontramos un lugar como este
para que volvamos a suspendernos en el vacío,
¿qué es nuestra vida en la eternidad?
Por si acaso podríamos encontrar una razón
en el nuevo mundo.
Aunque tal vez se encuentre en nuestro propio cerebro
entre neuronas y conexiones sinápticas,
entre órdenes de transferencia superiores e inferiores,
entre las múltiples dimensiones que hacen
pensarnos aquí para salir allí.
Tal vez seamos nosotros la única respuesta
a nuestras viejas preguntas
y el único motivo, el Amor.

miércoles, junio 07, 2017

La errata caníbal

La errata caníbal ha devorado el palito de la ‘b’. / La errata caníbal se come un buen solomillo en aquella contracubierta del libro / de Leopoldo M.ª Panero y Félix Caballero. / Come y disfruta. Los deserratadores con nuestros ojos escrutadores /
sin trabajo, sin casa, sin dinero, / no tenemos hambre, no pagamos facturas. / El edificio de la edición se llenará de erratas /
y para qué nosotros, decidme. Decidme, / si los edificios se llenan de erratas / y las erratas-escombro tomaran por fin / la dulce y bella literatura que nos da de comer, / que nos da de beber y nos reconforta / con su balsámico pensamiento nuestros ojos ávidos de belleza... / Qué es lo que nos queda, entonces, / con qué sobreviviremos / a esta cada vez más extendida plaga de la errata / en los libres libros tan frágiles de la poesía.

viernes, junio 02, 2017

V. Maiakovski habla por teléfono

¿Diga? Escucha a Maiakovski en el teléfono de la poesía

1 de junio de 2017 RBTH
En la calle Málaya Sadóvaya de San Petersburgo se han colocado cabinas telefónicas en las que se pueden escuchar a los principales poetas rusos del siglo XX.

miércoles, mayo 24, 2017

Arthur Schnitzler

Una de las últimas obras que he leído, en este caso la novela Tardía fama, de Arthur Schnitzler, trata de la vanagloria, de la fama efímera o simplemente inexistente que opera en las mentes de aquellos y aquellas poetas que creen en el Parnaso en la tierra.
Obra muy breve, narrada de una manera sencilla pero muy certera. Sin duda, me recuerda mucho a la forma de narrar del propio Joseph Roth pues describe con sólo unas pocas pinceladas tanto la realidad circundante como los vericuetos psicológicos de los personajes.
Uno de los momentos más impresionantes, en mi opinión el Gran Momento de la historia por su fuerza y por la absoluta vulnerabilidad en la que se encuentra el poeta ante el recital o lectura que ofrece, resulta de un comentario que se le hace a sus espaldas y que él mismo escucha. No voy a hacer un spoiler, como se suele decir, pero creo que la escena es digna de señalar por la dureza con la que se presenta. Son tres palabras, suficiente para reunir toda la novela en un estallido de sentido. Sólo los maestros pueden llegar a esta perfección.